Siendo una investigadora que estudia el cerebro y la sordera, a menudo me preguntan si hay diferencias entre el cerebro de las personas sordas y el de las personas oyentes. Necesitaría escribir un libro para responder esta pregunta en detalle, pero en pocas palabras, la estructura en general es la misma y, en su mayor parte, la forma en que funciona también lo es. Sin embargo, hay una parte que tiene una función diferente: la corteza auditiva. Esta es una región del cerebro que a las personas oyentes nos da la capacidad de oír y de comprender los sonidos. En general, se cree que en las personas que nacieron sordas esta corteza auditiva se utiliza para otras funciones, como la visión y el tacto. Sin embargo, el trabajo de mi grupo de investigación sugiere que, en las personas sordas, la función de la “corteza auditiva” va un poco más allá. En nuestro último estudio, mostramos que la corteza auditiva de las personas sordas también está involucrada en procesos cognitivos que nos permiten aprender e interactuar con el mundo. Estos procesos se conocen como funciones ejecutivas. También encontramos que las habilidades del lenguaje, ya sea la lengua de señas o el lenguaje hablado, pueden predecir el desempeño en pruebas de función ejecutiva. Estos resultados destacan la importancia del acceso temprano a la lengua de señas o hablada para facilitar el desarrollo de habilidades lingüísticas y cognitivas.

Las funciones ejecutivas
Una forma de estudiar el cerebro humano es utilizando resonancia magnética funcional (Functional Magnetic Resonance Imaging, fMRI). Esta técnica nos permite medir la actividad cerebral de manera no invasiva. En nuestro estudio, el objetivo era entender si las personas sordas usan la corteza auditiva para los procesos cognitivos que llamamos “funciones ejecutivas”. En términos simples, las funciones ejecutivas se definen como los procesos mentales que usamos para organizar nuestros pensamientos y acciones, generalmente con un objetivo en la mente. Algunos ejemplos cotidianos podrían ser recordar y seguir las reglas de un juego de mesa, o decidir cuándo cruzar una calle con mucho tráfico.
En nuestra investigación, estudiamos cuatro pruebas de funciones ejecutivas: flexibilidad, memoria de trabajo, planificación e inhibición. Nuestros participantes tenían que resolver estas pruebas mientras nosotros mediamos la actividad cerebral con fMRI.
La flexibilidad se refiere a la capacidad de adaptarse a los cambios en las reglas de una tarea. Aquí, los participantes tenían que presionar dos botones de acuerdo a un par de reglas. De vez en cuando, las reglas cambiaban y los participantes tenían que adaptarse rápidamente para seguir respondiendo correctamente.
La memoria de trabajo es la capacidad cognitiva que utilizamos para mantener y manipular información en nuestra mente. En esta prueba, los participantes veían una secuencia de imágenes como fragmentos de un rompecabezas. Su tarea era recordarlas y combinarlas.
La planificación nos permite alcanzar metas ensayando en nuestra mente determinadas acciones y sus consecuencias. Para estudiar esto, usamos una prueba llamada Torre de Londres, donde los participantes tienen que planificar cómo mover las piezas de un rompecabezas para conseguir una cierta configuración.
La inhibición en este caso se refiere a la capacidad de detener una respuesta predeterminada. Estudiamos esto a través de una prueba que a veces desencadena respuestas predeterminadas o más automáticas, mientras que otras veces requiere respuestas menos automáticas.
La corteza auditiva de las personas sordas
Cuando analizamos la actividad del cerebro durante las pruebas de función ejecutiva, encontramos que la corteza auditiva de las personas sordas se activó durante la tarea de flexibilidad, pero no durante las otras tareas. La flexibilidad no es una función típicamente localizada o encontrada en la corteza auditiva en individuos oyentes. Estos hallazgos muestran que el cerebro adapta su función a la experiencia sensorial de la persona. Este es un hallazgo importante, porque cambia la forma en que pensamos sobre la función de diferentes regiones del cerebro. Muestra que la función de las diferentes regiones del cerebro no es “fija” y que está influenciada por la experiencia sensorial. También encontramos un vínculo entre el nivel de actividad de la corteza auditiva durante la tarea de flexibilidad y qué tan rápido respondían los participantes. Este vínculo solo se encontró en los participantes sordos, y no en el grupo oyente. Esto es importante, porque muestra que la actividad en la corteza auditiva durante la prueba de flexibilidad está relacionada con la habilidad de resolver esta tarea en las personas sordas.
Estos hallazgos son importantes para entender cómo funciona el cerebro, pero quizás para las personas sordas, y para los profesionales que trabajan con ellos, los resultados más interesantes de este estudio provienen de las pruebas conductuales y los estudios de lenguaje.
La importancia del desarrollo del lenguaje
En muchos casos, las personas que nacen sordas tienen una exposición tardía a una lengua accesible, lo que influye en el desarrollo de sus habilidades lingüísticas. La mayoría de los bebés sordos nacen en familias de personas oyentes, donde no están expuestos a una lengua de señas. Avances tecnológicos como los implantes cocleares permiten escuchar mejor el lenguaje hablado, pero esta tecnología es costosa, y en muchos países, no es parte del sistema de salud estatal. Incluso con un implante coclear, no todos los niños sordos tienen un dominio del lenguaje hablado comparado con el promedio de los niños oyentes de la misma edad. En algunos casos, este acceso tardío, o reducido, a la lengua hablada o de señas, resulta en deprivación lingüística. Investigaciones previas han demostrado que el dominio de la lengua está relacionado con el desempeño en pruebas de función ejecutiva, por lo que queríamos tener esto en cuenta en nuestro estudio. Las personas sordas son, en muchos casos, bilingües en un idioma hablado y una lengua de señas. En el Reino Unido, donde conducimos nuestro estudio, a menudo (pero no siempre), esos idiomas son el Inglés y la Lengua de Señas Británica (BSL). Por esa razón, evaluamos las habilidades gramaticales de nuestros participantes en los dos idiomas. Luego, elegimos el valor más alto, de manera que tuviéramos una medida que reflejara las capacidades lingüísticas de la persona, independientemente de si utilizan una lengua hablada o de señas.
No encontramos vínculos entre la actividad cerebral y el lenguaje durante las tareas ejecutivas. Sin embargo, lo que encontramos fue que los participantes que mejores resultados obtuvieron en las pruebas lingüísticas tuvieron un mejor desempeño en la prueba de flexibilidad. Este vínculo entre las habilidades lingüísticas y otros aspectos de la cognición resalta la importancia de tener acceso a una lengua desde una edad temprana. Sugiere que el acceso a una lengua no solo es importante para el desarrollo lingüístico, sino también para otros aspectos de la cognición. Lo interesante de nuestro estudio es que muestra que este vínculo existe independientemente del tipo de lengua (hablada o de señas). No importa si el lenguaje preferido de una persona es un lenguaje hablado o una lengua de señas, lo que importa es tener acceso temprano para que pueda cementar el desarrollo lingüístico y de otras funciones cognitivas.
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